El arte de comunicar en pareja

Comunicación pareja
¿Te gustaría comunicarte de manera más asertiva con tu pareja? ¿ Sientes que cuando hablas no te entiende? ¿te gustaría decirle algo importante a tu pareja pero no sabes cómo o cuándo sería el mejor momento? ¿tienes dificultades para hacerte comprender? ¿cuando surge una disputa entre vosotros sientes que al final no habéis llegado a ningún acuerdo que os sirva para solucionar el problema? En este artículo sobre La comunicación en la pareja podrás encontrar algunas claves para lograr una comunicación con tu pareja más satisfactoria. 
Linares (2012,), en su libro Terapia familiar ultramoderna nos habla de la definición multifactorial del amor. Aunque en esta definición no se concentra exclusivamente en el amor de pareja, nos explica que el amor es un fenómeno relacional complejo donde intervienen elementos cognitivos, emocionales y pragmáticos, y al resultado de este proceso se le denomina nutrición relacional o sentirse complejamente amado. Se exige que se manifieste en todos sus componentes (un pensar, sentir y un hacer amorosos), porque se trata de un fenómeno relacional complejo, y el bloqueo de uno de ellos, cancela la efectividad del conjunto.
Según este postulado, puedes asegurar querer mucho al otro, pero si el objeto de tu amor no percibe ser amado, existiría entonces una interferencia en este fenómeno. En otras palabras, no basta con sentir amor sino que hay que demostrarlo y que la otra persona se sienta querida.
Es por ello, partiendo de esta teoría me gustaría hablar sobre la comunicación en la pareja.  Considero que es el canal por el cual se transmiten nuestros sentimientos y pensamientos y la demostración al otro que le amamos. Y por tanto, también es una de las vías para hacer que el otro se sienta querido. Es decir, en este articulo me centraré en el componente pragmático del amor centrándome en el ámbito de la comunicación específicamente.
Hay una frase que en muchas ocasiones me ronda por la cabeza, que es: no basta con querer hacerlo bien, sino que hay que saber hacerlo bien. Y aquí se podría a entrar en la discusión sobre qué es hacerlo bien, pero dejando de lado este dilema, que no nos pertoca en este artículo, entraré a comentar lo que significa para mí esta frase relacionándolo con la comunicación. Estoy segura que en muchas ocasiones nos ha ocurrido que queremos expresar algo al otro, véase desde una necesidad amorosa, o una petición, un límite o un simple apunte o comentario que al principio nos parece neutro, pero que al transmitirlo a la pareja parece que hemos abierto la puerta al “campo de batalla”. ¿y por qué sucede esto? nos preguntamos, si yo sólo quiero decirle cómo me siento, o lo que me molesta o lo que no quiero o le digo esto para ayudarle, para que haga “mejor” las cosas,…. o al revés, si nos ponemos en el lado del receptor: y ¿cómo es posible que me reproche o me diga esto con todo lo que yo,…   de ahí la importancia de saber comunicar de forma asertiva, es decir, respetando los derechos y necesidades del otro, pero al mismo tiempo respetando también las nuestras. Pero esto es muy fácil de decir, y sino se aprenden los métodos adecuados para llegar a conseguir este objetivo, aunque nuestra intención sea muy buena, no conseguiremos que nuestro mensaje llegue al otro, y por ende, no recibiremos el afecto o comprensión por el cual estamos comunicando.
Como siempre digo, lo que escribo en mis artículos son recomendaciones y sugerencias, que te pueden servir o no, son más pautas psicoeducativas, distinguiendo siempre de las intervenciones personalizadas y ajustadas a un determinado problema personal o relacional.
En primer lugar, creo que hay que tener en mente siempre que cuando hablamos de dos personas en pareja, existen siempre distintas verdades, no sólo una única verdad. Son dos universos interactuando constantemente y cada uno se rige por un mundo diferente, ve las cosas de distinta manera y percibe de diferente forma. Lo que se trata no es de modificar el mundo de un cónyuge, sino de encajar los dos universos de forma que los dos sientan satisfacción.
En segundo lugar, una premisa muy importante a destacar sobre la comunicación es que siempre se está comunicando. Sin decir nada se comunica, aún en el silencio más absoluto y duradero se comunica. Y a veces se dice más con el silencio que con palabras. Lo que se transmite al otro con la comunicación no verbal es tan o más efectivo que lo verbal. Yo puedo pretender decir un elogio a mi pareja pero si no lo siento así, se notará y el otro lo percibirá. O yo me puedo callar porque no quiero discutir más, pero si no se resuelve el conflicto de una manera u otra le harás saber a tu pareja que esto no está resuelto por mucho que te autoengañes pensando de que “ya se pasará”.
Y en tercer lugar, distinguir entre lo qué decirnos y cómo lo decimos. Es decir, el contenido del mensaje y la forma del mensaje. Seguramente en varias ocasiones nos ha pasado, que no es tanto lo que nos dicen, sino cómo nos lo dicen, quizás con otras palabras nos hubiésemos sentido más comprendidos por ejemplo, y no nos hubiese molestado. Muchas veces el qué del mensaje es más inevitable que el cómo se lo digo, es decir, tenemos mucho más poder sobre el cómo, ya que somos nosotros los escultores del mensaje, y depende de cómo lo transmitas el conflicto puede tomar una magnitud u otra. Por eso, a continuación hablaré sobre algunas recomendaciones de cómo transmitir de forma asertiva, para evitar conflictos, mal interpretaciones y que tu mensaje llegue de forma clara y coherente con lo que piensas y sientes. Y con esto, quiero resaltar que tu responsabilidad de lo que transmites tiene un límite, no puedes controlar la respuesta o reacción del otro, sólo puedes ser responsable de tu mensaje y de cómo manejas las posteriores interacciones.
1. Ser específico en el mensaje
Es importante tener claro lo que se quiere transmitir al otro antes de empezar a hablar. Y envitar comentarios vagos, generales en donde no transmites en realidad lo que de verdad deseas o necesitas y en consecuencia el otro no sabe qué hacer para poder dar satisfacción a tus deseos. No son recomendables las críticas en las cuales no das alternativas ni mencionas una forma más saludable para los dos de hacer las cosas. Es decir, es interesante proponer algo que permita al otro decir “sí, “no” o dar otras alternativas.
Algunas personas creen que cuando hay amor existe una comunicación que no necesita palabras. Algo así como: “si me quisieras tendrías que saber lo que quiero”. Esto es un postulado regido por un mito del amor, que lo único que hace es generar expectativas y realidades distorsionadas de lo que es la relación de pareja. Ya que es al contrario, el amor se nutre de la comunicación.
2. Equilibrio entre la escucha y el habla
En la comunicación de pareja, como en cualquier otra comunicación entre personas es saludable que predomine el equilibrio entre el hablar y el escuchar (a no ser que estés en otros ambientes (laborales, formativos,…) en donde se realizan ponencias y se ocupan otros roles). Puede pasar que a veces nos repitamos y nos recreemos demasiado en lo que queremos expresar al otro, quizás con la intención de que al otro le quede claro, pero en realidad estamos haciendo el efecto contrario, ya que lo más probable es que el otro interprete que se subestiman sus capacidades de escucha, además de poderle generar emociones negativas. Armarse de paciencia para tener que escuchar no resulta agradable. Por eso, evitar los monólogos y dar paso a la conversación en donde las opiniones de los dos cónyuges fluyan de manera libre y espontánea es mucho más nutritivo relacionalmente.
3. Expresiones tipo “nunca” y “siempre”
“Nunca escuchas lo que digo”; “nunca me abrazas”; “siempre me contestas mal”. Son adverbios que no dejan lugar a las excepciones y a las tonalidades de grises. Dotan a la frase y definen realidades únicas, y que seguramente si lo piensas bien no siempre es así. Es interesante darse cuenta de ello porque definen realidades y atribuyen características a las otras personas: no sabe escuchar, no es cariñosa/o, está siempre enfadada/o. Son mucho más saludables frases del tipo: ahora no me estoy sintiendo escuchado/a; me gustaría que me abrazaras; me siento triste y rabioso/a cuando levantas el tono de voz.
4. Emisión de juicios de valor 
Este apartado se refiere a que no es saludable atribuir a las conductas del otro un juicio de valor personal. Por ejemplo: “seguro que dices esto para hacerme daño”; “no lloras porque estás triste sino para darme pena”. Atribuir nuestras valoraciones a los comportamientos o reacciones fisiológicas del otro es además de irritable e injusto, invalidante para la otra persona, ya que invalidas emociones o conductas y les atribuyes un significado el externo. Una alternativa a ello, si tenemos dudas de por qué la otra persona actúa, dice o reacciona de manera determinada es preguntar, por ejemplo: ¿con qué intención dices esto? ¿para qué lo dices?; ¿por qué motivo estás llorando?.
5. Hablar desde la necesidad, no desde la queja (hablar desde el yo)
Esta sugerencia es nuclear, en el sentido que considero que nos pasa muy a menudo el que en vez de expresar al otro nuestras emociones y lo que necesitamos o deseamos, (desde el yo), le decimos al otro lo que no nos gusta que diga o que haga (hacia el tu), y entonces la conversación se puede complicar, porque el otro se puede sentir atacado, y ya se descentra tu necesidad para pasar a hablar de cómo se ha sentido el otro o de otros temas que se van sacando en colación de la crítica o reproche. Hablar desde el yo te otorga libertad porque tu pareja no puede invalidar tus necesidades o deseos, pero sí puede entrar a discutir los reproches o críticas.
Por ejemplo: no eres cariñoso/a —— necesito que me abraces.
6. La flexibilidad
Una mente flexible nos va ayudar a sobrellevar las vicisitudes de los cambios en los ciclos vitales de la pareja. El cambio constante es algo inherente en la pareja y en la vida. Quizás en un momento determinado de la relación se acuerdan unas normas o unos pactos, pero esto no quiere decir que siempre vaya a ser así. Lo  más probable es que las nuevas obligaciones, la paternidad, cambios externos a la pareja, crisis, etc. vayan aportando nuevos retos y nuevos pactos que habrá que cambiar o modificar. Por eso, cuanto más nos adaptemos al baile de la vida y a sus devenires varios, más gozaremos de salud personal y relacional al fin y al cabo.
8. Escuchar el mensaje
Escuchar implica hacer un esfuerzo por comprender lo que el otro nos quiere transmitir. Para mantener una conversación eficaz es fundamental pedir información a la pareja sobre lo que ha escuchado, si hay algo que no le ha quedado claro, para evitar mal interpretaciones. No es recomendable dar por supuesto que se sabe lo que el otro va a decir.
Es también importante intentar no anticiparse a lo que la otra persona va a expresar.
Y por último, pero no por ello menor relevante, es aceptar los mensajes del cónyuge. Aceptar la opinión del otro, no significa de ningún modo tener que estar de acuerdo, pero sí significa aceptar su contenido y tenerla en cuenta.
9. Poner límites a la sinceridad
Esta sugerencia seguramente entraña opiniones diversas y contrapuestas según el estilo y la manera de entender la relación de pareja. Igualmente la he puesto para poder reflexionar sobre ello. Hay veces que podríamos pensar que algunas “verdades” sería mejor no mencionar si no va a servir de nada hacerlo, o sólo va a servir para hacer daño al otro.
 
10. Cuándo comunicar
Cuando sea posible y eligiendo el momento oportuno. No todos los momentos son adecuados. Es importante buscar un momento propicio para los dos, cuando estéis solos, sin compromisos u obligaciones que atender, sin terceras personas delante, en un ambiente íntimo, seguro y neutral para los dos, por ejemplo.
Mireia Sánchez
Psicóloga sanitaria  y terapeuta familiar