La inteligencia emocional

 

¿Has oído hablar de la inteligencia emocional? ¿Quieres saber si la tienes? ¿Quieres mejorarla?

Ante todo la Inteligencia Emocional, es una gran herramienta, que bien usada, facilitará siempre nuestra vida. Siempre. En todas las situaciones conflictivas, desafíos, pérdidas, problemas laborales, supuestos fracasos, y sobre todo, nuestras relaciones con los demás.

La otra buena noticia, es que esta herramienta o capacidad, la podemos tener todos. Es sólo cuestión de aprendizaje.

¿A qué se refiere este aprendizaje?

Sencillamente se refiere a aprender a gestionar emociones. Se dice pronto. Pero se puede. Exige trabajo sobre uno mismo, poder de observación y autocrítica. Y sobre todo, ganas de hacerlo.

Una vez que lo hemos conseguido, el beneficio se instala de tal forma dentro nuestro, que ya no podremos hacerlo de otra manera. Veremos los resultados, y comprobaremos en cada situación de nuestra vida, que la inteligencia emocional es en realidad nuestra aliada. Todos los resultados en nuestra esfera emocional, social y laboral, serán más satisfactorios.

Una pequeña guía para reconocer el camino

1- En una discusión o discrepancia, tómate un momento antes de reaccionar. Eso te permitirá en primer lugar bajar los decibelios. En segundo lugar, sopesar aunque sea por un momento lo que estás a punto de decir. Verás que si puedes hacerlo, te sentirás mejor. Y el resultado de esa situación puede cambiar radicalmente.

2- No tomes todo como algo personal. Las opiniones del interlocutor, son suyas. No te atañen a ti. Reaccionar a la primera, ante supuestos ataques, nos hará cometer errores y caer en situaciones muy desagradables que luego son más difíciles de remontar.

3- Ante una situación de incertidumbre, laboral o de pareja por ejemplo, intenta regular el nivel de ansiedad que esto genera. No es sencillo. Pero también es muy conocida la diferencia entre “preocuparse” y “ocuparse”. Es dejar de imaginar situaciones ficticias que aumentan la ansiedad, para centrarte únicamente en lo que está pasando realmente. Y centrarte en las herramientas con las que cuentas para mejorarlo o solucionarlo. Las herramientas las tienes. Sólo es aprender a llegar a ellas.

4- Ser empático. Esto es, ponerse en el lugar del otro. Eso te permitirá pensar qué sentirías tú en una situación similar. O qué puede estar pasándole a esa persona para que hable o actúe de tal o cual manera. Y para relativizar tus propias emociones. Siempre la relación con los demás es un espejo de nuestras propias emociones.

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